miércoles, 19 de febrero de 2020

Entrevista con Mohammed Mostajo Radji


Mohammed Mostajo Radji, científico


“Las universidades públicas bolivianas ya no tienen excusas para estar entre las mejores”

Carlos Morales Peña / Revista Forbes Bolivia


Más allá de sus múltiples y destacados títulos académicos, Mohammed Mostajo Radji es un hombre sencillo, inquieto y motivante. Rodeado de jóvenes talentos, su pasión está centrada hoy, a sus 30 años, en pasar la posta del conocimiento científico a las nuevas generaciones. Hace cinco años, en 2014, lanzó los denominados Clubes de Ciencia con más de 400 aspirantes. Hoy, esta iniciativa se ha transformado en la experiencia científica más exitosa de las últimas décadas y, gracias a una inteligente “diplomacia científica”, ha sobrevivido a los avatares políticos. Más de 1.000 jóvenes bolivianos ya fueron entrenados para las grandes lides de la ciencia global y otros 3.200 esperan su turno para adquirir las herramientas que les brindan expertos de talla mundial llegados a Bolivia con este objetivo.
Fiel a su formación universitaria (está entre los 12 científicos más influyentes de la Universidad de Harvard – EEUU), Mostajo es crítico con las falencias el sistema educativo, y en particular, con la formación universitaria local y el modelo científico boliviano. “Las universidades públicas bolivianas ya no tienen excusas para estar entre las mejores de América Latina”, lanza en esta entrevista con la revista Forbes Bolivia, para remarcar que “tienen autonomía plena y hay fondos suficientes, lo que falta de una mejor administración del sistema universitario estatal”.
Mostajo es parte de la revolución del conocimiento. Como tal evalúa dónde estamos parados frente al cambio del paradigma tecnológico, las nuevas exigencias del mercado laboral y las demandas de una sociedad global cada vez más desafiante.

Sabemos hace un tiempo que la transformación tecnológica y la automatización está desplazando a millones de persona en todo el mundo, destruyendo oficios tradicionales y creando otros nuevos. ¿En qué medida se ha consolidado este proceso y qué perspectiva tiene para nuestros países?
- En los próximos 20 años, el 60% de los trabajos que hoy están ocupados van a ser fácilmente reemplazados por una máquina. Primero, creo que tenemos que cambiar la perspectiva que tenemos de pensar que estamos seguros con nuestro trabajo. En realidad, ninguno de nosotros lo está. Por ello, tenemos que crear más habilidades interdisciplinarias. Con cada revolución industrial, los que sufren son los que no se adaptan. Cuando aparecen nuevos desarrollos tecnológicos no es que todo el mundo pierde su trabajo en una situación caótica, sino que los tipos de trabajo cambian.

¿Cuáles son esos nuevos trabajos que tenemos hoy?
Mucho está pasando por el análisis de datos. Tenemos que reconocer cuál es el siguiente paso. Las máquinas, con la inteligencia artificial, no están todavía en condiciones de predecir cuáles van a ser los siguientes pasos. Todo lo que tiene que ver con el poder analítico de los seres humanos tiene que ver con las carreras del futuro. La educación formal, que nos lleva a pensar que soy ingeniero o médico y no sé nada de física, está en riesgo. En el futuro, vamos a ver que las distintas ramas no están separadas. Es lo que intentamos dar a conocer en los Clubes de Ciencia. La Universidad nueva tiene que pensar cómo podemos integrar las distintas áreas del conocimiento. Yo estudié Biotecnología, pero mis electivas fueron ciencia, tecnología y gobierno. Allí veíamos la definición de “ser humano” o problemáticas de género, que no tienen nada que ver con Biotecnología. Tomé electivas en cata de vinos, tomé psicología, para aprender a hablar a una persona que tiene una enfermedad neurológica. Ninguno de estos cursos eran parte de mi curriculum, sin embargo, la universidad me permitía hacer ese “cross-link” para fortalecer mi desarrollo. Lo mismo pasó durante mi doctorado en Biología Molecular, pero también tomaba cursos en la Escuela de Negocios y de Gobierno. Estos cursos fundamentales para el trabajo que me toca hacer ahora, que es dialogar y negociar con gobiernos, empresas y organizaciones no gubernamentales.

¿Este trabajo interdisciplinario debería apuntar a romper los compartimientos estancos en los que está organizada la universidad en la actualidad?
El curriculum académico debería conformarse con mínimos requisitos para graduarse, no más de la mitad de las materias, y el resto son las que el estudiante quiere hacer. Si un médico tiene la oportunidad de estudiar un curso de arquitectura, adelante. Cuando quiera hacer un hospital, otro arquitecto no se la va a charlar. O, al revés, ¿cómo puede hacer un arquitecto un hospital si no sabe lo básico de cómo se atiende a un paciente?

¿Qué 5 carreras son claves en función de esta transformación que plantea la Revolución del Conocimiento y la Información?
La combinación de ciencias duras y artes liberales, como sociología, economía, arte o política. No podemos plantear que esta es la carrera, todos estudiemos esto. La salud nos va a seguir interesando como sociedad, porque la Humanidad se mueve bajo el pretexto de que no queremos morirnos. Ya no el médico tradicional, de consultorio, ya que hoy ya no necesita estar físicamente en el consultorio. Son otras habilidades que necesita aprender el médico, programación de computación y redes sociales, entre otras. Espero que Economía sea algo que nos siga interesando, pero esta vez con más enfoque hacia las ciencias puras, que permita ver los datos no solo como correlación, de causa y efecto, y pruebas finales de estadística. Entre las ingenierías, la ingeniería ambiental va a ser muy importante. Países pobres como Pakistán no tiene cómo mitigar los efectos del calentamiento global como las olas de calor que matan a cientos de ciudadanos. Cada verano simplemente cavan una fosa común para los muertos. Hoy hay que lidiar con todo esto. Son momentos muy tristes para la Humanidad. La ingeniería ambiental tiene que interactuar más con las políticas públicas. Hoy los políticos nacionales, regionales o locales tienen que sentarse a conversar con los ingenieros ambientales para ver qué hacemos, no en los próximos 6 meses o dos años, sino en los próximos 50 años.

¿Qué futuro tienen las ciencias sociales? Hoy hay despidos de periodistas y comunicadores sociales todos los días…
Periodismo de datos y comunicación científica. En Bolivia no hay periodismo científico y de datos que, en verdad, pueda tomar un concepto médico, físico o de ingeniería, y lo pueda traducir al público general de una manera que sea correcta y al mismo tiempo interesante. Para ello, uno o dos años de ciencias duras sería fundamental.

¿Qué carreras no deberían elegir en función del cambio tecnológico y de estas transformaciones sociales?
No creo que haya una carrera que no sea de beneficio para la sociedad. Sería injusto plantear eso. Mi madre me decía cuando era chico que si iba a ser barrendero que sea el mejor barrendero, que mañana digan este es el mejor barrendero de Bolivia. Haz lo que te dé la gana, pero hazlo bien y con pasión.

¿Cómo fue tu propia experiencia antes de convertirte en uno de los investigadores más influyentes?
En la última década se creó una rama totalmente nueva: la diplomacia científica. Siempre hubo diplomacia científica, con los intercambios estudiantiles, desde los griegos. Con los Clubes de Ciencia, nos tocó aprender a contramarcha esta nueva ciencia. Comenzamos a traer investigadores a un país que tenía un gobierno muy cerrado, muy proteccionista y muy arraigado en el nacionalismo. Nos propusimos traer gente de afuera, que trabaje con los locales, que enseñe a los locales, y nos metimos, de hecho, con la “diplomacia científica”. Me tocó aprender cómo negociar, cómo hablar con gobernantes, cómo dar consejos en materia de leyes, y trabajar en un contexto adverso. Los Clubes de Ciencia han sido, en este sentido, la experiencia de diplomacia científica más grande de la historia de Bolivia. Los clubes comenzaron con Estados Unidos, el enemigo número uno del anterior Gobierno. Y abrimos un espacio, a tal punto que el propio régimen de Evo Morales nos buscó para trabajar en esta línea. Llegamos a hacer un club de ciencia en la Embajada de Bolivia en Washington para los bolivianos que se habían ido del país por falta de oportunidades. Vinimos con los gringos a un lugar a donde no los querían y dio resultado. Evo Morales me atacó personalmente a través de la prensa, pero el espacio se abrió de todas maneras.

¿Podemos imaginar a un Mohammed Mostajo, “canciller de ciencia y tecnología”?
Es algo que se ha hablado con la presidenta Jeanine Añez ayer. Aquí está uno de los pocos científicos y diplomáticos latinoamericanos, que está encargado de los laboratorios de aceleración de proyectos científicos para América Latina de las Naciones Unidas. Ahora que Bolivia se está abriendo al mundo, podemos ver lo que ellos han desarrollado y crear puestos exclusivamente técnicos dentro de la Cancillería boliviana. Bolivia nunca aplicó a estos laboratorios de innovación pese a que tiene todas las calificaciones para hacerlo. El anterior Gobierno no quería extranjeros aquí. ¿Por qué no abrimos ahora un centro de innovación tecnológica?

¿Cuál es tu evaluación cruda de la educación universitaria boliviana? ¿En qué estamos fallando?
Voy a referirme a las universidades públicas fundamentalmente. No es que no tienen dinero, reciben bastante plata todos los años, dado que tienen regalías garantizadas de los hidrocarburos. Y, aparte de esto, tienen una autonomía prácticamente total, donde el Gobierno nacional no entra para nada. Ese el sueño de cualquier académico en el mundo. Que te den cualquier cantidad de plata y que te den completa libertad para hacer lo que crees conveniente. Entonces, las universidades públicas bolivianas no tienen excusas para estar entre las mejores de América Latina. Sin embargo, pese a esa disponibilidad de recursos y de libertad de acción, hay problemas administrativos y ha habido grandes problemas en cómo ha sido manejado ese dinero. En varias universidades con las que yo he trabajado tienen mucho dinero para equipos, pero no para insumos. Es como tener un hospital con 500 camas, pero no tener penicilina. Por otra parte, no hay estándares para la publicación de trabajos científicos en revistas internacionales. Las universidades abren sus propias revistas científicas, pero solo publican entre ellos. La mayoría no pasa por un filtro internacional donde se pudiera competir con todo el mundo. Que otros científicos de afuera te digan si lo que estás haciendo está correcto, ese proceso no existe. Además, tenemos muy pocos puestos para catedráticos de carrera. La mayoría da cátedra como algo que hace en su tiempo libre. Abogados, psicólogos, médicos o arquitectos, que trabajan en el día y dan clases en las noches. Casi no hay académicos de tiempo completo. En Estados Unidos, después de completar el doctorado, un profesional se postula a un puesto de trabajo y la Universidad te da un “paquete de encendido” (startup package) con un monto de uso discrecional de uno o dos millones de dólares en el caso de Biología para armar un equipo e investigar con total libertad. Te dan siete años en periodo de prueba. Si te va muy bien, la Universidad acuerda con el postulante un “academic tenure”, que es un contrato de por vida por considerar que ya eres un experto mundial en dicha área en un proceso muy competitivo.

Un problema de eficiencia en la administración entonces…
Exactamente. En el caso de Bolivia, no es por falta de fondos, es porque los recursos están mal administrados, mal aprovechados. Bolivia invierte más del 7% del PIB en educación. Para poder comparar, Estados Unidos invierte 5,5%, Francia 5,7%. De toda América Latina nosotros somos los que más invertimos en Educación después de Cuba que invierte 12%. Todos los demás lo hacen entre el 5 y 6 %. Esto pasa desde el prekinder hasta la Universidad, todo el sistema es ineficiente. A los estudiantes no les enseñamos a pensar, los estudiantes están acostumbrados a que el profesor les diga qué les va a tomar y a repetir lo que dice el libro. Nunca un profesor puede preguntar nada que esté fuera del libro o de lo que se dictó en clases porque, sino, los estudiantes hacen una protesta y lo bloquean en la entrada. En mis clases, las respuestas tienen que ser el siguiente paso de lo que yo les enseñé. Con lo que yo les enseñé, ellos pueden deducir con su propio pensamiento cuál es la respuesta. El estudiante que repite y memoriza puede ser un muy buen empleado, pero no va a ser líder ni creador de ideas. Lo propio pasa en la creación de ciencia. Seguimos repitiendo recetas de cocina y no estamos creando conocimiento nuevo.

¿Hay que redefinir el perfil de las carreras que se brindan en las universidades bolivianas?
Hay que hacerlo en función del trabajo y de las demandas del mercado laboral. La mayoría de mis compañeros de biología molecular no terminaron en ciencia sino en otras áreas, como el sistema financiero o el gubernamental. En mi programa de doctorado en biología molecular había músicos. Entonces, las mismas empresas tienen que crear esta transversalidad para lograr mejores resultados.

¿El mundo empresarial, que es el que los va a emplear a estos estudiantes, cómo debe responder ante este desafío?
No hay un divorcio, pero sí un problema de comunicación. Hay casos destacados. UPSA con Cainco tienen una fuerte relación. Pero falta mayor participación del empresariado en el diseño curricular de las carreras. Sería interesante que el ministerio de Educación o de Ciencia y Tecnología tenga reuniones periódicas entre el Gobierno, las universidades y los empresarios para definir la agenda 2030 y cómo llegamos a la agenda 2040 o 2050.  También tienen que haber incentivos estatales. En algunos países, los gobiernos dan descuentos impositivos multimillonarios para que las empresas envíen a su personal a formarse en el extranjero. Tenemos que estar conectados con el mundo. Hay mil alternativas, esas son las metas, solo hay que pensarlas y tomar decisiones urgentes.







2 comentarios:

  1. Excelente!!!... respuestas muy acertadas...hay mucho trabajo por hacer en cuanto a educación en Bolivia

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  2. Definitivamente no es por falta de recursos económicos, sino una falencia adminiatrativa.
    Las autonomías en las universidades públicas bolivianas han sido mal utilizadas para beneficio de grupos de poder que han permitido que docentes que no quieren actualizarse y estàn en su zona de confort repitiendo materias de la misma manera que hace 30 años o más sigan dando clases amén de las ìnfulas de creerse innamovibles de sus puestos protegidos por un sindicalismo que cuidan sus puestos laborales y no la excelencia académica.

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