Mohammed Mostajo Radji, científico
“Las universidades públicas
bolivianas ya no tienen excusas para estar entre las mejores”
Carlos Morales Peña / Revista Forbes Bolivia
Más allá de sus múltiples y
destacados títulos académicos, Mohammed Mostajo Radji es un hombre sencillo,
inquieto y motivante. Rodeado de jóvenes talentos, su pasión está centrada hoy,
a sus 30 años, en pasar la posta del conocimiento científico a las nuevas
generaciones. Hace cinco años, en 2014, lanzó los denominados Clubes de Ciencia
con más de 400 aspirantes. Hoy, esta iniciativa se ha transformado en la
experiencia científica más exitosa de las últimas décadas y, gracias a una
inteligente “diplomacia científica”, ha sobrevivido a los avatares políticos. Más
de 1.000 jóvenes bolivianos ya fueron entrenados para las grandes lides de la
ciencia global y otros 3.200 esperan su turno para adquirir las herramientas
que les brindan expertos de talla mundial llegados a Bolivia con este objetivo.
Fiel a su formación universitaria
(está entre los 12 científicos más influyentes de la Universidad de Harvard –
EEUU), Mostajo es crítico con las falencias el sistema educativo, y en
particular, con la formación universitaria local y el modelo científico
boliviano. “Las universidades públicas bolivianas ya no tienen excusas para
estar entre las mejores de América Latina”, lanza en esta entrevista con la
revista Forbes Bolivia, para remarcar que “tienen autonomía plena y hay fondos
suficientes, lo que falta de una mejor administración del sistema universitario
estatal”.
Mostajo es parte de la revolución
del conocimiento. Como tal evalúa dónde estamos parados frente al cambio del
paradigma tecnológico, las nuevas exigencias del mercado laboral y las demandas
de una sociedad global cada vez más desafiante.
Sabemos hace un tiempo que la transformación tecnológica y la
automatización está desplazando a millones de persona en todo el mundo,
destruyendo oficios tradicionales y creando otros nuevos. ¿En qué medida se ha
consolidado este proceso y qué perspectiva tiene para nuestros países?
- En los próximos 20 años, el 60%
de los trabajos que hoy están ocupados van a ser fácilmente reemplazados por
una máquina. Primero, creo que tenemos que cambiar la perspectiva que tenemos
de pensar que estamos seguros con nuestro trabajo. En realidad, ninguno de
nosotros lo está. Por ello, tenemos que crear más habilidades
interdisciplinarias. Con cada revolución industrial, los que sufren son los que
no se adaptan. Cuando aparecen nuevos desarrollos tecnológicos no es que todo
el mundo pierde su trabajo en una situación caótica, sino que los tipos de
trabajo cambian.
¿Cuáles son esos nuevos trabajos que tenemos hoy?
Mucho está pasando por el análisis
de datos. Tenemos que reconocer cuál es el siguiente paso. Las máquinas, con la
inteligencia artificial, no están todavía en condiciones de predecir cuáles van
a ser los siguientes pasos. Todo lo que tiene que ver con el poder analítico de
los seres humanos tiene que ver con las carreras del futuro. La educación
formal, que nos lleva a pensar que soy ingeniero o médico y no sé nada de
física, está en riesgo. En el futuro, vamos a ver que las distintas ramas no
están separadas. Es lo que intentamos dar a conocer en los Clubes de Ciencia.
La Universidad nueva tiene que pensar cómo podemos integrar las distintas áreas
del conocimiento. Yo estudié Biotecnología, pero mis electivas fueron ciencia,
tecnología y gobierno. Allí veíamos la definición de “ser humano” o
problemáticas de género, que no tienen nada que ver con Biotecnología. Tomé
electivas en cata de vinos, tomé psicología, para aprender a hablar a una
persona que tiene una enfermedad neurológica. Ninguno de estos cursos eran
parte de mi curriculum, sin embargo, la universidad me permitía hacer ese
“cross-link” para fortalecer mi desarrollo. Lo mismo pasó durante mi doctorado
en Biología Molecular, pero también tomaba cursos en la Escuela de Negocios y
de Gobierno. Estos cursos fundamentales para el trabajo que me toca hacer
ahora, que es dialogar y negociar con gobiernos, empresas y organizaciones no
gubernamentales.
¿Este trabajo interdisciplinario debería apuntar a romper los
compartimientos estancos en los que está organizada la universidad en la
actualidad?
El curriculum académico debería
conformarse con mínimos requisitos para graduarse, no más de la mitad de las
materias, y el resto son las que el estudiante quiere hacer. Si un médico tiene
la oportunidad de estudiar un curso de arquitectura, adelante. Cuando quiera
hacer un hospital, otro arquitecto no se la va a charlar. O, al revés, ¿cómo
puede hacer un arquitecto un hospital si no sabe lo básico de cómo se atiende a
un paciente?
¿Qué 5 carreras son claves en función de esta transformación que
plantea la Revolución del Conocimiento y la Información?
La combinación de ciencias duras y
artes liberales, como sociología, economía, arte o política. No podemos
plantear que esta es la carrera, todos estudiemos esto. La salud nos va a
seguir interesando como sociedad, porque la Humanidad se mueve bajo el pretexto
de que no queremos morirnos. Ya no el médico tradicional, de consultorio, ya
que hoy ya no necesita estar físicamente en el consultorio. Son otras
habilidades que necesita aprender el médico, programación de computación y
redes sociales, entre otras. Espero que Economía sea algo que nos siga
interesando, pero esta vez con más enfoque hacia las ciencias puras, que
permita ver los datos no solo como correlación, de causa y efecto, y pruebas
finales de estadística. Entre las ingenierías, la ingeniería ambiental va a ser
muy importante. Países pobres como Pakistán no tiene cómo mitigar los efectos
del calentamiento global como las olas de calor que matan a cientos de
ciudadanos. Cada verano simplemente cavan una fosa común para los muertos. Hoy
hay que lidiar con todo esto. Son momentos muy tristes para la Humanidad. La
ingeniería ambiental tiene que interactuar más con las políticas públicas. Hoy
los políticos nacionales, regionales o locales tienen que sentarse a conversar
con los ingenieros ambientales para ver qué hacemos, no en los próximos 6 meses
o dos años, sino en los próximos 50 años.
¿Qué futuro tienen las ciencias sociales? Hoy hay despidos de
periodistas y comunicadores sociales todos los días…
Periodismo de datos y comunicación
científica. En Bolivia no hay periodismo científico y de datos que, en verdad,
pueda tomar un concepto médico, físico o de ingeniería, y lo pueda traducir al
público general de una manera que sea correcta y al mismo tiempo interesante.
Para ello, uno o dos años de ciencias duras sería fundamental.
¿Qué carreras no deberían elegir en función del cambio tecnológico y
de estas transformaciones sociales?
No creo que haya una carrera que
no sea de beneficio para la sociedad. Sería injusto plantear eso. Mi madre me
decía cuando era chico que si iba a ser barrendero que sea el mejor barrendero,
que mañana digan este es el mejor barrendero de Bolivia. Haz lo que te dé la
gana, pero hazlo bien y con pasión.
¿Cómo fue tu propia experiencia antes de convertirte en uno de los
investigadores más influyentes?
En la última década se creó una
rama totalmente nueva: la diplomacia científica. Siempre hubo diplomacia científica,
con los intercambios estudiantiles, desde los griegos. Con los Clubes de
Ciencia, nos tocó aprender a contramarcha esta nueva ciencia. Comenzamos a
traer investigadores a un país que tenía un gobierno muy cerrado, muy
proteccionista y muy arraigado en el nacionalismo. Nos propusimos traer gente
de afuera, que trabaje con los locales, que enseñe a los locales, y nos
metimos, de hecho, con la “diplomacia científica”. Me tocó aprender cómo
negociar, cómo hablar con gobernantes, cómo dar consejos en materia de leyes, y
trabajar en un contexto adverso. Los Clubes de Ciencia han sido, en este
sentido, la experiencia de diplomacia científica más grande de la historia de
Bolivia. Los clubes comenzaron con Estados Unidos, el enemigo número uno del
anterior Gobierno. Y abrimos un espacio, a tal punto que el propio régimen de
Evo Morales nos buscó para trabajar en esta línea. Llegamos a hacer un club de
ciencia en la Embajada de Bolivia en Washington para los bolivianos que se
habían ido del país por falta de oportunidades. Vinimos con los gringos a un
lugar a donde no los querían y dio resultado. Evo Morales me atacó
personalmente a través de la prensa, pero el espacio se abrió de todas maneras.
¿Podemos imaginar a un Mohammed Mostajo, “canciller de ciencia y
tecnología”?
Es algo que se ha hablado con la
presidenta Jeanine Añez ayer. Aquí está uno de los pocos científicos y diplomáticos
latinoamericanos, que está encargado de los laboratorios de aceleración de
proyectos científicos para América Latina de las Naciones Unidas. Ahora que
Bolivia se está abriendo al mundo, podemos ver lo que ellos han desarrollado y
crear puestos exclusivamente técnicos dentro de la Cancillería boliviana.
Bolivia nunca aplicó a estos laboratorios de innovación pese a que tiene todas
las calificaciones para hacerlo. El anterior Gobierno no quería extranjeros
aquí. ¿Por qué no abrimos ahora un centro de innovación tecnológica?
¿Cuál es tu evaluación cruda de la educación universitaria
boliviana? ¿En qué estamos fallando?
Voy a referirme a las
universidades públicas fundamentalmente. No es que no tienen dinero, reciben
bastante plata todos los años, dado que tienen regalías garantizadas de los
hidrocarburos. Y, aparte de esto, tienen una autonomía prácticamente total, donde
el Gobierno nacional no entra para nada. Ese el sueño de cualquier académico en
el mundo. Que te den cualquier cantidad de plata y que te den completa libertad
para hacer lo que crees conveniente. Entonces, las universidades públicas
bolivianas no tienen excusas para estar entre las mejores de América Latina.
Sin embargo, pese a esa disponibilidad de recursos y de libertad de acción, hay
problemas administrativos y ha habido grandes problemas en cómo ha sido
manejado ese dinero. En varias universidades con las que yo he trabajado tienen
mucho dinero para equipos, pero no para insumos. Es como tener un hospital con
500 camas, pero no tener penicilina. Por otra parte, no hay estándares para la
publicación de trabajos científicos en revistas internacionales. Las
universidades abren sus propias revistas científicas, pero solo publican entre
ellos. La mayoría no pasa por un filtro internacional donde se pudiera competir
con todo el mundo. Que otros científicos de afuera te digan si lo que estás
haciendo está correcto, ese proceso no existe. Además, tenemos muy pocos
puestos para catedráticos de carrera. La mayoría da cátedra como algo que hace
en su tiempo libre. Abogados, psicólogos, médicos o arquitectos, que trabajan
en el día y dan clases en las noches. Casi no hay académicos de tiempo
completo. En Estados Unidos, después de completar el doctorado, un profesional
se postula a un puesto de trabajo y la Universidad te da un “paquete de
encendido” (startup package) con un monto de uso discrecional de uno o dos millones
de dólares en el caso de Biología para armar un equipo e investigar con total
libertad. Te dan siete años en periodo de prueba. Si te va muy bien, la
Universidad acuerda con el postulante un “academic tenure”, que es un contrato
de por vida por considerar que ya eres un experto mundial en dicha área en un
proceso muy competitivo.
Un problema de eficiencia en la administración entonces…
Exactamente. En el caso de
Bolivia, no es por falta de fondos, es porque los recursos están mal
administrados, mal aprovechados. Bolivia invierte más del 7% del PIB en
educación. Para poder comparar, Estados Unidos invierte 5,5%, Francia 5,7%. De
toda América Latina nosotros somos los que más invertimos en Educación después
de Cuba que invierte 12%. Todos los demás lo hacen entre el 5 y 6 %. Esto pasa
desde el prekinder hasta la Universidad, todo el sistema es ineficiente. A los
estudiantes no les enseñamos a pensar, los estudiantes están acostumbrados a
que el profesor les diga qué les va a tomar y a repetir lo que dice el libro.
Nunca un profesor puede preguntar nada que esté fuera del libro o de lo que se
dictó en clases porque, sino, los estudiantes hacen una protesta y lo bloquean
en la entrada. En mis clases, las respuestas tienen que ser el siguiente paso
de lo que yo les enseñé. Con lo que yo les enseñé, ellos pueden deducir con su
propio pensamiento cuál es la respuesta. El estudiante que repite y memoriza
puede ser un muy buen empleado, pero no va a ser líder ni creador de ideas. Lo
propio pasa en la creación de ciencia. Seguimos repitiendo recetas de cocina y
no estamos creando conocimiento nuevo.
¿Hay que redefinir el perfil de las carreras que se brindan en las
universidades bolivianas?
Hay que hacerlo en función del
trabajo y de las demandas del mercado laboral. La mayoría de mis compañeros de
biología molecular no terminaron en ciencia sino en otras áreas, como el
sistema financiero o el gubernamental. En mi programa de doctorado en biología
molecular había músicos. Entonces, las mismas empresas tienen que crear esta
transversalidad para lograr mejores resultados.
¿El mundo empresarial, que es el que los va a emplear a estos
estudiantes, cómo debe responder ante este desafío?
No hay un divorcio, pero sí un
problema de comunicación. Hay casos destacados. UPSA con Cainco tienen una
fuerte relación. Pero falta mayor participación del empresariado en el diseño
curricular de las carreras. Sería interesante que el ministerio de Educación o
de Ciencia y Tecnología tenga reuniones periódicas entre el Gobierno, las universidades
y los empresarios para definir la agenda 2030 y cómo llegamos a la agenda 2040
o 2050. También tienen que haber
incentivos estatales. En algunos países, los gobiernos dan descuentos
impositivos multimillonarios para que las empresas envíen a su personal a
formarse en el extranjero. Tenemos que estar conectados con el mundo. Hay mil
alternativas, esas son las metas, solo hay que pensarlas y tomar decisiones
urgentes.













