Wieviorka, contra el racismo
“Las redes sociales potencian los discursos de odio”
Por Carlos Morales Peña /
Michel Wieviorka es uno de los grandes intelectuales que observa azorado cómo sus reflexiones sobre los males de la modernidad se van haciendo dramáticamente realidad. Racismo, populismo, posverdad, democracia, terrorismo, nuevas tecnologías, migraciones a traviesan su vasta obra sociológica, una de las más destacadas de las últimas décadas. Este francés de bigote ancho, cabeza calva y sonrisa diáfana no tiene pelos en la lengua para marcar las líneas críticas contra todo tipo de extremismo populista, en particular, el denominado ‘supremacismo blanco’, ferozmente violento, que hoy tiene referentes en las altas cumbres de la política mundial y en no pocos intelectuales orgánicos del establishment local.
Michel Wieviorka es uno de los grandes intelectuales que observa azorado cómo sus reflexiones sobre los males de la modernidad se van haciendo dramáticamente realidad. Racismo, populismo, posverdad, democracia, terrorismo, nuevas tecnologías, migraciones a traviesan su vasta obra sociológica, una de las más destacadas de las últimas décadas. Este francés de bigote ancho, cabeza calva y sonrisa diáfana no tiene pelos en la lengua para marcar las líneas críticas contra todo tipo de extremismo populista, en particular, el denominado ‘supremacismo blanco’, ferozmente violento, que hoy tiene referentes en las altas cumbres de la política mundial y en no pocos intelectuales orgánicos del establishment local.
1. En América Latina avanzamos en leyes, políticas e instituciones contra el racismo, sin embargo, el fenómeno prevalece y, en muchos casos, parece haber recrudecido. ¿A qué atribuye esta tendencia?
Hay países donde el cambio genera identidades particulares que antes no eran tan visibles, por ejemplo, migrantes que vienen de otros países o grupos que antes no tenían visibilidad y que hoy están cada vez más presentes en la sociedad. Y del otro lado, procesos de fragmentación social y cultural, que hacen que los grupos tradicionales se transformen en fragmentos menores. En estos procesos, es posible la aparición del racismo como fenómeno social. La situación se agrava cuando la fragmentación y la multiplicación de los grupos se producen en una situación donde no hay bastante democracia y donde el tratamiento de los problemas no se da en el marco democrático. Cuando hay un proceso de fragmentación y de desarrollo de identidades particulares, si los grupos no se hablan, si no son capaces de discutir sobre sus problemas y sus demandas, entonces lo que viene es lo contrario de la institucionalización de los conflictos. En ese contexto, es posible que surja el odio, el resentimiento, la envidia y la violencia racista.
2. Diversos sectores sociales y políticos critican en Bolivia a Evo Morales, por ejemplo, por una cierta instrumentalización política del racismo. Dicen que se utiliza el racismo para fortalecer su poder en el marco de una democracia en retroceso ¿Ud. cómo lo ve?
No puedo hablar del caso boliviano en concreto. Pero, en muchas situaciones, el racismo, que era un problema social entre grupos, desde abajo, pero sin transformarse en discurso político, se transforma, desde la infrapolítica, en una lógica política. Cuando el tema social no funciona, el discurso político puede transformarse en un tema racista. Esto ocurre, generalmente, cuando hay sectores sociales con dificultades sociales y cuando la política no logra tratar la problemática del racismo de forma social. En Francia ocurre actualmente. Cuando la situación social no se puede resolver, entonces encuentran un causante en los migrantes. Por eso, el tema social se transforma en un tema racista. Hay situaciones donde un poder dice que hablará del racismo de los otros, pero no se habla de mi racismo, ni de mi incapacidad para tratar las políticas sobre demandas que no son racistas. No conozco el caso boliviano de cerca, pero es probable que cuando los problemas sociales no son tratados en el plano social, surge la posibilidad de que se generen discursos racistas y de que los otros son racistas.
3. ¿Los regionalismos, que también están presentes en varios países de Europa, son formas discursivas que pueden caer en el racismo? ¿La identificación discriminatoria contra los “collas” y “cambas” son parte de estos problemas no resueltos vinculados al racismo?
Así como hablamos de la fragmentación social como condición para el surgimiento del racismo, en este caso la fragmentación puede adoptar una forma territorial. El regionalismo es la expresión de la fragmentación de un país, donde una región culpa a la otra de sus males y no hay un diálogo político para resolverlo. Cuando una región naturaliza el conflicto con otra región entonces se dan estos fenómenos. Es cuando se resaltan las particularidades físicas de la gente de otras regiones, las diferencias culturales y se plantea que los “otros” son inferiores.
4. El ‘supremacismo blanco’ está detrás de los brutales ataques en Christchurch (Nueva Zelanda) y El Paso (Texas) sustentado en el pensamiento de Renaud Camus que plantean la teoría de la “gran sustitución”. ¿Cómo explica este fenómeno a escala global?
Estamos ante la expresión violenta de una ideología racista. No es solamente el prejuicio, solo discriminación o segregación de los otros que son diferentes. Es violencia, hay muertos, decenas de muertos. El racismo mata a personas de forma sistemática en diversos puntos del planeta. Esto surge en países donde la cuestión religiosa es muy importante. En tercer lugar, el racismo de tipo supremacista como el que se dio en Estados Unidos y Nueva Zelanda, pero antes también en Noruega con el terrorista Anders Behring Breivik que masacró a ocho personas el 22 de julio de 2011. Lo grave es que en todos estos casos el extremismo religioso se conecta con el tema de la migración. Los supremacistas ven a los migrantes como parte de una invasión que puede destruir su identidad nacional, cultural o racial. Ellos ven a la migración como un fenómeno totalmente peligroso y negativo. El supremacismo blanco es conectado con la idea de invasión, con la idea de que los migrantes son gente peligrosa. Antes, el racismo clásico era un fenómeno al interior del país. La cuestión de los negros en Estados Unidos, por ejemplo. Hoy es un fenómeno que mezcla las cuestiones internas con las externas.
5. Como ocurre hoy en Estados Unidos…
Exactamente. El racismo puede ser más activo en un nivel político y en el nivel infrapolítico, si el poder más importante es el que facilita este tipo de discursos. Donald Trump, por ejemplo, enuncia un discurso que permite pensar a amplios sectores de la sociedad estadounidense que es posible plantear estas ideas discriminatorias hacia los migrantes. El planteo de quienes cometieron los crímenes en El Paso no estaba tan lejos de lo que expresaba Trump en otros discursos contra los migrantes hispánicos, guatemaltecos o salvadoreños. Entonces hay una conexión entre los que abre como perspectiva el discurso de la élite política y los comportamientos que se dan en la base de la sociedad.
6. Ud. plantea que es mucho más peligroso el discurso racista de las élites que el que circula en las bases de la sociedad…
El racismo de las élites no dice hay que matar a los latinos o hay que matar a los judíos, o a tal o cual grupo, porque no sería políticamente correcto. Pero sí las élites dicen cosas muy negativas sobre las personas que pertenecen a estos grupos. Entonces, esa creencia va a legitimizar el racismo de manera más general y va a facilitar el desarrollo de comportamientos violentos en las bases.
7. Ud. ha planteado que a lo largo del siglo XX pasamos como sociedad del racismo científico al racismo cultural. ¿Cómo se da el racismo en el siglo XXI en esta sociedad fragmentada de la globalización?
El racismo clásico ha desaparecido. Hay formas muy primarias de racismo que sobreviven, es cierto. Si yo digo que la gente que tiene color de piel más oscura son inferiores intelectualmente, eso es el viejo racismo. Los que vemos hoy son las transformaciones del racismo cultural. Cuando en los años 60 y 70 se comenzó a hablar del racismo cultural se decía: hay personas que son diferentes que no quieren adoptar los valores de la nación o los valores dominantes, es decir, no quieren vivir como “nosotros”. Hoy el racismo cultural tiene otra dimensión donde se dice: hay que gente que pertenece a grupos minoritarios que quieren ser reconocidos por su cultura propia y no quieren adaptarse a la cultura dominante. Son grupos que no aceptan la cultura dominante que no reconoce mi particularismo cultural. Entonces no se aceptan los particularismos.
8. ¿En qué medida las redes sociales y las nuevas tecnologías de la Inteligencia Artificial (IA) tienen el riesgo de potenciar una nueva forma de racismo en el mundo?
Vemos nuevas formas del racismo que tiene que ver con la digitalización de la sociedad a través de internet, las redes sociales y la inteligencia artificial. Con las redes sociales los discursos racistas se vehiculizan mucho más fácilmente. Los discursos del odio circulan más fácilmente a través de las redes sociales.
Se ha instalado la idea de que las nuevas tecnologías no tienen ideología y son neutras. Hoy ya estamos viendo el racismo, por ejemplo, de la inteligencia artificial. Vamos a dar un ejemplo. Si una industria incluye la inteligencia artificial a través de robots para la selección de los nuevos empleados. Si los datos para programar a los robots contienen prejuicios racistas, entonces la máquina procesará la selección de la misma forma. Hay nuevas formas de racismo a través de las tecnologías de la información y la inteligencia artificial que no quiere aparecer como racista. Si los programadores de esas máquinas son racistas, los robots también lo serán. Esto está ocurriendo en Estados Unidos, Europa y los países asiáticos.
Las nuevas tecnologías, los algoritmos, los robots, la Inteligencia Artificial (IA) son cada vez más utilizados por muchos sectores de la sociedad. Por ejemplo, para evaluar los profesores, seleccionar los mejores candidatos a un empleo, organizar la distribución de hospedajes. En todos los casos, se presentan como neutros, puramente tecnológicos. Pero para crear estos instrumentos y para que funcionen, se necesitan datos de miles de personas y ¿de dónde vienen los datos? De la sociedad. Y dentro de la sociedad puede haber racismo. Si los datos incluyen elementos de prejuicio racista, estos elementos penetrarán dentro de esos instrumentos y llevar a las tecnologías a transformarse en instrumentos de discriminación.
9. ¿Con el celular en la mano, el lobo le está ganando al hombre en su lucha contra la violencia, el racismo y la discriminación?
Es difícil saber si hay más o menos racismo. Hay nuevas formas de racismo que se desarrollan y otras que se superan. Hoy vemos que hay menos prejuicios, pero más violencia. El racismo es posible cuando tenemos sociedades fragmentadas. Además, el racismo se potencia con las nuevas tecnologías, lo que nos obliga a tener nuevas formas de actuar frente a este flagelo.
10. ¿Cómo ve el ascenso del populismo de izquierda y de derecha a escala global? ¿Qué consecuencias tiene para la democracia?
Al nivel mundial, el populismo de izquierda tiene menos espacio político que el populismo de derecha, nacionalista y más o menos autoritario. Las ideologías de izquierda están todas en retroceso, el comunismo ha perdido su legitimidad, la socialdemocracia enfrenta una profunda debilitación y las fuerzas de extrema derecha son hoy en día capaces de proponer discursos que tienen dimensiones sociales, de redistribución de la riqueza y de interesar a los electores que antes votaban por la izquierda. Por eso, es más difícil de proponer un populismo de izquierda. Los populismos accedan o quieren acceder al poder a través procedimientos democráticos, a través el voto. Por eso, sus partidos quieren ser respetables, no apoyan a la violencia, no son revolucionarios. Pero su visión de la política no es realmente democrática. No se interesan en la democracia representativa. Por eso, los anglosajones señalan que son parte de la “democracia no liberal”; quieren la democracia directa, no les interesa el Parlamento. Los populismos necesitan líderes fuertes, carismáticos, y eso abre la puerta al autoritarismo. Además, el populismo es un discurso mítico, que resuelve las contradicciones de la vida real a través un discurso imaginario: cuando el mito no puede funcionar, cuando hay que dirigir un país, tomar decisiones económicas, y no únicamente protestar, el populismo tiene dificultades, el mito explota, y lo peor puede suceder: el nacionalismo duro, por ejemplo, el extremismo del populismo.
11. ¿Qué características tiene esta era de la posverdad a través de las redes sociales en internet y cómo pueden hacer los medios y los públicos contrarrestar los males de la mentira en el espacio público?
Hay dos dimensiones en la posverdad: de un lado, la mentira, que es un fenómeno donde el mentor, por ejemplo, un jefe político, propone “fake news” que una parte de la población espera y acepta con placer. Aquí, lo importante es la relación fuerte entre esta parte de la población, que da total confianza a sus amigos y no cree a lo que proviene del otro campo, los periodistas, las élites. Esto se debe en gran medida a la fragmentación social y a las rupturas que se desarrollan entre estas partes de la población que se sienten olvidadas, excluídas, en caída social y la parte de la población que no se siente excluida.
Del otro lado, existe el fenómeno del “complotismo”, es decir una paranoia social, donde las mismas partes de la población, con la ayuda de ciertos intelectuales, piensan que, para entender el mundo, para dar un sentido a su experiencia personal, hay que saber que fuerzas ocultas organizan el mundo, de manera más o menos maléfica, por su propio beneficio.
Estos dos fenómenos siempre han existido. Los rumores, los prejuicios sobre los judíos, por ejemplo, no son nuevos. Pero las redes sociales crean condiciones muy favorables para su circulación inmediata, sin fronteras, y con posibilidades multiplicadas de comunicar con otras personas.
Las redes sociales son mucho más cerradas de lo que podemos imaginar. Sus miembros piensan más o menos de la misma manera, funcionan de manera más o menos comunitaria y cuando hay muchos miembros en una red, eso da una fuerza impresionante a las “fake news”.
Para contrarrestar este fenómeno hay que introducir en las leyes y en los acuerdos internacionales medidas que reglamenten el uso de las redes sociales. También hay que ejercer una presión fuerte y directa sobre las empresas de ‘Internet’ para que adopten medidas para acabar con los discursos de odio y de las mentiras. Y En otro nivel, hay que promover una información de calidad. Los medios necesitan modelos económicos nuevo y una prensa de calidad en un contexto en que han perdido una parte importante de sus recursos que venían de la publicidad. También se requiere una acción firme para acabar con los monopolios de tipo Twitter, Facebook, que no favorecen la información seria.
(Entrevista publicada en el diario EL DEBER el 31/08/2019


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