martes, 28 de julio de 2020

Latinoamérica, entre ¿China o Estados Unidos?


América Latina, ante la encrucijada de una Segunda Guerra Fría


Carlos Morales Peña


¿Estados Unidos o China? ¿Ninguna de las dos superpotencias? o ¿Las dos, pero en diferentes tiempos e intereses? Ante la declarada Segunda Guerra Fría entre Estados Unidos y China, América Latina enfrentará en los próximos meses una difícil encrucijada. El creciente enfrentamiento geopolítico abierto entre las dos superpotencias está obligando a los principales bloques de países a definir su posición respecto de cuál de ellas tomará la posta del poder hegemónico global en este complejo e incierto siglo XXI.
En gran medida, un enfoque pragmático que lleve a un distanciamiento estratégico frente al conflicto entre los contendientes globales puede generar mejores resultados y mayores beneficios para una región que, en la segunda década de este siglo, se muestra fragmentada, con economías débiles, con profundas brechas sociales y una democracia en franco retroceso.
No será fácil. La historia señala con claridad que las tensiones geopolíticas suben a tal punto que no dejan muchas opciones de elección, especialmente para los países más vulnerables y necesitados de recursos financieros e inversiones extranjeras.
La experiencia histórica de los alineamientos latinoamericanos -estatales o sectoriales- detrás de potencias en pugna por la hegemonía, ya sea por intereses comerciales, políticos o militares, señala que los costos de seguir a una potencia siempre resultaron más altos que sus beneficios.
Especialmente desde la década de los años 60 del siglo XX, el intervencionismo estadounidense en la región significó una extensa y dolorosa historia de golpes de Estado, represiones y decisiones “imperiales” cuyas heridas siguen latentes en la memoria de los latinoamericanos.
La influencia del bloque soviético, y en particular del “internacionalismo” cubano, también impulsaron intervenciones políticas y militares con altos costos para la región.
Pero de una superpotencia nos fuimos a otra superpotencia, China, que inclina el tablero gracias a su enorme poderío económico.
Según los enfoques ideológicos de sus líderes y por fuertes intereses económicos, gobiernos de América Latina ya tomaron posición respecto de China, especialmente, por sus inversiones en materia de infraestructura y explotación de materias primas.
Abiertamente, en las últimas dos décadas, los gobiernos del denominado Socialismo del Siglo XXI, con Venezuela a la cabeza, abrieron rápidamente las puertas a la influencia de Pekín en la región. Siguieron la misma línea Bolivia (durante la gestión del MAS), Nicaragua, Cuba, por afinidad política, pero también Brasil, Argentina, Perú, Ecuador y Colombia, por cálculo económico.
Pero las inversiones chinas han generado deudas multimillonarias. Venezuela le debe más de 67.000 millones de dólares, Brasil casi 29.000 millones, Ecuador 18.400, Argentina 16.900 y Bolivia unos 2.500 millones (ver infograma).

En este contexto, la tensión Estados Unidos-China se acrecentará y con ella la presión de ambos gobiernos para que los liderazgos regionales se definan por una u otra potencia hegemónica.
Hoy, la desventaja para América Latina es que no tiene una voz común, como la tiene en gran medida la Unión Europea, pese a su debilitamiento por el Brexit del Reino Unido. Los procesos de integración de la región latinoamericana no han logrado el objetivo: Mercosur, ALBA, Celac y Alianza del Pacífico quedaron a medio camino, fundamentalmente, por diferencias ideológicas y estratégicas.
En 2019, la población total estimada de América Latina y el Caribe era de aproximadamente 629 millones de habitantes, frente a los 1.393 millones de China, los 328 millones de Estados Unidos y los 446 millones de la Unión Europea.
La subregión más poblada es América del Sur. En la parte sur del continente americano viven aproximadamente 425 millones de personas, mientras que América Central y el Caribe albergan a un total de 77 millones de habitantes. La población de México, país que se sitúa geográficamente en América del Norte, fue estimada en alrededor de 126 millones en 2019.
Como bien dice el sociólogo boliviano, Fernando Calderón, el gran drama de la región es que no visualiza que dividida como está hoy es mucho menos influyente para pelear por sus intereses en una globalización cada vez más desafiante.
“Los países de la región no entendemos que vamos a ganar más si asumimos esa identidad latinoamericanista, tarea que queda para un horizonte de futuro”, señaló Calderón durante una entrevista con especialista argentino, Andrés Kozel.

Entre guerras


En diversas etapas, Estados Unidos y la entonces Unión Soviética protagonizaron entre 1947 y 1991 una feroz Guerra Fría con enfrentamientos militares, económicos y tecnológicos en diversos puntos del planeta.
Representaban ambas naciones a bloques antagónicos que defendían dos sistemas políticos, sociales y económicos radicalmente diferentes. El primero, junto a los países europeos, propugnaba el modelo capitalista y la democracia liberal; mientras que, el segundo, defendía el modelo comunista y una economía socialista. La caída del Muro de Berlín, en noviembre de 1989, y el posterior desplome de la exURSS a fines de 1991, producto de presiones externas e internas, representaron la caída de uno de los mayores bloques de naciones de la historia.
Se consolidó, entonces, la hegemonía de Estados Unidos como la potencia política, militar y económica más grande del mundo, proceso que duró relativamente pocos años.
Por diversos factores, esa hegemonía se ha puesto en entredicho y hoy asistimos a un incuestionable declive del poder estadounidense a escala internacional.
El golpe que le asestó el terrorismo yihadista en septiembre de 2001, la incapacidad de su sistema militar para controlar posiciones en el escenario mundial, la serie de crisis que enfrentó su economía y el desplome de la confianza internacional respecto del liderazgo estadounidense son parte de esa decadencia.
El retiro de Estados Unidos del escenario internacional, el giro hacia una política nacionalista y aislacionista, y la pérdida de posiciones frente a China se acentuaron durante la gestión de Donald Trump bajo la bandera del “America First” (Estados Unidos primero).
Pero lo que puso más en duda su poder global fue el ascenso de otras potencias económicas, políticas y militares, que plantearon la posibilidad de establecer un mundo multipolar. En particular, la consolidación de China como segunda potencia económica global y su desafío de cuestionar la hegemonía global terminaron de señalar la amenaza que pesa sobre el reinado del denominado “imperio estadounidense”.
Aunque Estados Unidos sigue siendo la principal potencia militar del mundo y continúa teniendo la economía más poderosa del planeta, lo cierto es que China sigue sumando puntos para desafiar ese poderío.
A tal punto que China avanzó significativamente en el plano económico y diplomático en territorios donde tradicionalmente Estados Unidos tenía la influencia dominante, como América Latina y África.
La Guerra Comercial iniciada por ambas potencias en 2018, la guerra de posiciones militares en el Pacífico Sur y el conflicto desatado social y político en Hong Kong terminaron por cristalizar la bipolaridad en la que hoy se encamina el actual orden geopolítico internacional.
La tensión subió de tono por la pugna por el control de la tecnología de las telecomunicaciones 5-G, lo que llevó a sanciones directas contra las empresas chinas Huawei y Tik Tok, sospechadas de extraer miles de millones de datos para el Ejercito Popular Chino a través de “tecnologías inteligentes”.
La situación se agravó en 2020, con la crisis global por la pandemia del COVID-19. Las sospechas de que China no informó a tiempo a la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre la aparición del virus en sus mercados de Wuhan y las teorías conspirativas de que Pekín pudo haber creado el virus con objetivos militares en el marco de una temible Guerra Biológica, encendieron las alarmas en los países occidentales.
Durante la última comparecencia del secretario de Estado, Mike Pompeo, no quedaron dudas del giro que ha dado Estados Unidos en su estrategia hacia China.
Lejos quedó el deshielo promovido por el expresidente Richard Nixon quien, en 1972, realizó la histórica y sorpresiva visita a China, y marcó el inicio de una extensa y fructífera relación política y comercial en las últimas cuatro décadas. El actual congelamiento no se parece a una pausa, sino al inicio de un nuevo incierto ciclo, mucho más incierto, inestable y peligroso para el mundo entero.


lunes, 20 de julio de 2020

La Construcción frente a la crisis provocada por el COVID-19

Los desafíos económicos de la "nueva normalidad"



Este miércoles 22 a las 19:00, los esperamos en nuestro Conversatorio La Construcción frente al Covid-19.
Contaremos con la participación de Aldo Sulzer, Presidente de la Cámara de la Construcción, Enrique Terceros Herrera y Orlando Suárez Guillaux, empresarios.
Hablaremos sobre el impacto del Covid-19 en el sector de la construcción, qué oportunidades plantea el nuevo contexto, las medidas del gobierno y el desafío de la reactivación, entre otros temas.
No se la pierda, exclusivamente a través de nuestro Facebook: https://facebook.com/forbesboliviaoficial/






miércoles, 1 de julio de 2020

Se dispara la inserción en Internet y el uso de redes sociales en Bolivia

Redes Sociales, doble filo de una tecnología 


Hoy se conmemora el Día Internacional de las Redes Sociales (RRSS), consolidadas junto a los medios digitales, como las plataformas fundamentales de la comunicación y el intercambio de la información hoy en nuestra sociedad global contemporánea. Dos informes internacionales, uno de la organización We Are Social y otro del Reuters Institute revelan la expansión de la Revolución Digital.
Los datos sobre Bolivia son reveladores: 7,5 millones de bolivianos, un 65% de la población, son usuarios de Internet. Unas 500.000 personas se insertaron en la red de redes en el último año, lo que significa un incremento del 7,1% entre 2019 y 2020.
Un mayor incremento registró el uso de redes sociales en Bolivia. El número de usuarios de RRSS se incrementó en 834.000 personas, un 13% más que en abril de 2019.
Otro dato llamativo del trabajo de We Are Social es que el número de conexiones a teléfonos celulares alcanzó los 11,4 millones (99% de la población), con un incremento de 183.000 conexiones respecto del año pasado, un 1,6% más que 2019.


Crecimiento e impacto de los medios digitales y las RRSS


Algunos datos sobre las redes sociales en la sociedad contemporánea son interesantes.
Según el último reporte de las consultoras estadounidenses We Are Social, Hootsuite y Kepios, el consumo de datos e información en las redes sociales se ha disparado en los últimos años, y mucho más como efecto de la pandemia del coronavirus COVID-19.
Esto se ha visto particularmente cierto en la conducta mediática de miles de millones de personas en las últimas década, señala el DataReportal.
Según el informe Digital 2020 April Global Statshot Report detectó un salto impresionante en la actividad digital en casi todos los países, especialmente en los países que tuvieron estrictas cuarentenas.

Los últimos datos muestran que el número de usuarios de internet y redes sociales alrededor del mundo se han incrementaod en más de 300 millones de personas en los últimos 12 meses, pese al retraso en los datos reportados en países clave debido a la crisis del coronavirus.

El DataReportal indica que 4.500 millones de personas utilizan internet en el mundo, un incremento de más del 7% desde el mismo periodo en 2019. Las redes sociales están creciendo incluso más rápidamente, por encima del 8% desde abril de 2019 hasta alcanzar los 3.800 millones de personas.



Las redes sociales más utilizadas son Facebook, en primer lugar, con 2.400 millones de usuarios, YouTube con más de 2.000 millones de usuarios.

Digital News Report 2020


En la misma línea, el Digital News Report 2020, del Reuters Institute, con sede en la Universidad de Oxford (Reino Unido) también revela un incremento exponencial en el consumo de medios digitales y de redes sociales en internet, una tendencia que hace irreversible la hegemonía de la tecnología digital para el intercambio de información y la comunicación entre miles de millones de seres humanos.
El resumen ejecutivo del informe, basado en datos de seis continentes y 40 mercados, señala que "la seriedad de esta crisis ha reforzado la necesidad de un periodismo confiable y riguroso que pueda informar y educar a la población, pero también nos ha recordado cuán permeables nos hemos vuelto a conspiraciones y desinformación. Los periodistas ya no controlan el acceso a la información y la gente se vuelca más en las redes sociales y en otras plataformas, donde hay acceso a una gama más amplia de fuentes y “hechos alternativos”, algunos de los cuales contradicen las recomendaciones oficiales, son engañosos o directamente falsos".

Uno de los responsables del informe, Eduardo Suárez, remarca que la tendencia hacia la digitalización de la mediación en las sociedades contemporáneas es irreversible.

Durante una entrevista para la Fundación Gabriel García Márquez, Suárez explica que la desinformación, la baja confianza en los medios convencionales, el dominio de las plataformas digitales y el aumento en personas que pagan por noticias son algunos de los puntos más relevantes del estudio.

Más Periodismo


El estudio detectó "un incremento en el consumo de fuentes informativas tradicionales (especialmente la televisión) pero también de algunos medios online". En este sentido, se produce una paradoja:
"El periodismo es importante y otra vez está muy demandado. Pero el problema para los medios es que ese interés extra produce incluso menos ganancias, al tiempo que los anunciantes se preparan para una recesión inevitable y se desploman los ingresos de las ediciones impresas", indicó.
En este contexto, "es probable que veamos más suscripciones digitales y otros modelos de pago que se han mostrado considerablemente prometedores en los últimos años. Por eso resulta tan relevante comprender cómo diferentes modelos vienen avanzando en distintos mercados, como Estados Unidos, Noruega y el Reino Unido, donde este año hemos elaborado estudios más profundos al respecto".
En los últimos nueve años, los datos del Digital News Report han mostrado que "las noticias online superaron a la televisión como fuente informativa más usada en varios de los países que cubre nuestra encuesta. Al mismo tiempo, los periódicos impresos han seguido decayendo mientras que las redes sociales se estabilizaron después de un fuerte aumento".
La crisis del coronavirus ha cambiado significativamente esa imagen, aunque casi con certeza de manera temporal. Las noticias por televisión han registrado un incremento en los seis países donde el Reuters Institute la encuesta, tanto en enero como en abril de 2020. Tomando Alemania como ejemplo (ver gráfico), una caída de 12 puntos en el alcance de la TV se revirtió parcialmente porque mucha gente recurrió a fuentes informativas confiables, incluyendo medios públicos.

Conexión con las audiencias

Para adelante, el estudio señala que "los medios reconocen cada vez más que su supervivencia a largo plazo probablemente depende una conexión más fuerte y más profunda con sus audiencias digitales, razón por la cual también hemos examinado la creciente importancia del correo electrónico y del podcast, formatos que se vienen desplegando en mayor medida para incrementar la conexión con la audiencia y la lealtad".

Consumo de medios

  1. La crisis del coronavirus ha aumentado sustancialmente el consumo de noticias en los principales medios de todos los países donde hicimos las encuestas, antes y después de que la pandemia surtiera efecto.
  2. Las noticias en televisión y las fuentes online han mostrado repuntes significativos y más gente identifica a la TV como su principal fuente de información, un alivio temporal a lo que ha sido un declive constante.
  3. El consumo de diarios impresos ha caído ante los confinamientos que minaron la distribución física, lo cual casi con certeza acelerará la transformación hacia un futuro enteramente digital
  4. El uso de medios online y redes sociales creció sustancialmente en la mayoría de los países.
  5. WhatsApp experimentó el mayor incremento en general: subió alrededor de diez puntos porcentuales en algunos países. Más de la mitad de las personas encuestadas (51%) utilizó algún tipo de grupo online abierto o cerrado para conectarse, compartir información o participar en una red local de ayuda.


Confianza

  1. En abril de 2020, la confianza en la cobertura mediática del COVID-19 era relativamente alta en todos los países, en un nivel similar a la confianza que suscitan los gobiernos nacionales y significativamente mejor que los políticos.
  2. En cuanto a la información sobre COVID-19, la confianza de los ciudadanos en los medios representaba más del doble de la que tenían las redes sociales, las plataformas de vídeo o los servicios de mensajería.


Desinformación

  1. La preocupación global por la desinformación sigue alta. Incluso antes de la crisis del coronavirus, más de la mitad de nuestra muestra decía sentir preocupación respecto de qué noticias son verdaderas y cuáles falsas en internet.
  2. Los políticos nacionales representan la fuente de desinformación que se menciona más a menudo, aunque en algunos países (entre ellos, Estados Unidos) las personas que se definen de derecha tienden a culpar más a los medios, en una dinámica que tiene que ver con la polarización.
  3. Facebook aparece como el principal canal para difundir información falsa, pero en algunos puntos del Sur Global (por ejemplo, en Brasil y en Malasia) se señala a WhatsApp como más responsable.


Noticias

  1. Menos de cuatro de cada diez personas (38%) dijeron confiar en la mayoría de las noticias la mayor parte del tiempo: se trata de una caída de cuatro puntos porcentuales desde 2019. Menos de la mitad (46%) dijeron confiar en las noticias que consumían.
  2. A pesar de eso, la mayoría (60%) todavía prefiere noticias sin un punto de vista específico y sólo una minoría (28%) prefiere noticias que comparten su mismo punto de vista o lo refuerzan.
  3. La mayoría de las personas (52%) preferiría que los medios informaran sobre las declaraciones falsas de los políticos en vez de no enfatizarlas (29%).
  4. La mayoría (58%) preferiría que las plataformas bloquearan los anuncios políticos que pudieran tener afirmaciones inexactas, incluso si eso supone que las plataformas sean árbitros de la verdad.

Medios de pago

Según el estudio del Reuters Institute, hay un aumento significativo en el pago por noticias online en varios países, incluyendo Estados Unidos con 20% (+4) y Noruega con 42% (+8), e incrementos más pequeños en otros mercados.

Es importante resaltar que la mayoría de las personas (84%) todavía no paga por acceder a noticias online, pese a que algunos medios han experimentado un "impulso por el coronavirus".

El factor más importante para quienes se suscriben a un medio es el carácter distintivo y la calidad del contenido: creen obtener mejor información.

Sin embargo, una gran cantidad de gente se siente perfectamente satisfecha con la información a la que puede acceder de forma gratuita, y observamos una proporción muy alta de personas (40% en Estados Unidos y 50% en el Reino Unido) que afirman que nada podría convencerlos de pagar.

En países con niveles más altos de pago por noticias (por ejemplo, Estados Unidos y Noruega), entre un tercio y la mitad de las suscripciones van a unas pocas grandes marcas nacionales, "el ganador se lleva la mayor parte".

Los periódicos locales y sus sitios web se mantienen como la principal fuente de noticias sobre una ciudad o una región, con un alcance semanal de cuatro de cada diez (44%). Pero descubrimos que ahora alrededor de un tercio de la gente (31%) usa grupos de Facebook y otras redes sociales para obtener noticias e información local, lo cual pone más presión sobre los medios y sus modelos de negocio.


Acceso a las noticias
El acceso a las noticias sigue haciéndose a través de más canales. En todos los países, poco más de una cuarta parte (28%) elige empezar su jornada informativa con un sitio web o una aplicación.

Quienes tienen entre 18 y 24 años (la llamada Generación Z) presentan una conexión aún más débil con sitios web y aplicaciones, y tienen más del doble de probabilidades de acceder a las noticias a través de las redes sociales. Desde 2018 el uso de Instagram como fuente de noticias se ha duplicado entre todos los grupos de edad y parece probable que supere a Twitter en el próximo año.

Para contrarrestar esa mudanza a otras plataformas, los medios han buscado establecer conexiones directas con la audiencia, usando el correo electrónico y las alertas móviles.

La proporción de usuarios de podcast ha crecido significativamente en el último año, aunque los distintos confinamientos por el coronavirus quizá revirtieron temporalmente la tendencia. La mitad de todos los encuestados (50%) dice que el podcast brinda más profundidad y comprensión que otros formatos.



Redes que potencian el odio

Las RRSS no son ni buenas ni malas en sí mismas. Como toda tecnología, son un medio. Y depende cómo y para qué las utilicemos para definir su carácter e impacto en la sociedad.
Son potentes vehículos que aceleran la distribución de infinitos contenidos. Las sociedades todavía no se han puesto de acuerdo sobre los controles necesarios para evitar sus excesos.
El año pasado conversé para el diario EL DEBER con Michel Wieviorka, el mayor experto mundial sobre el racismo. Alerto entonces que las redes sociales son los grandes medios para transmitir a gran velocidad los discursos de odio y discriminación, tal como lo hizo en su momento el yihadismo del Estado Islámico o más recientemente el Supremacismo Blanco.
En sociedades cada vez más digitalizadas, pensar y actuar sobre las redes sociales es fundamental para definir el perfil de convivencia entre seres humanos cada vez más diversos y complejos.

"Hoy vemos nuevas formas del racismo que tiene que ver con la digitalización de la sociedad a través de internet, las redes sociales y la inteligencia artificial. Con las redes sociales los discursos racistas se vehiculizan mucho más fácilmente. Los discursos del odio circulan más fácilmente a través de las redes sociales", indicó.

Pero también el peligro está en la programación de la Inteligencia Artificial (AI). "Hay nuevas formas de racismo a través de las tecnologías de la información y la inteligencia artificial que no quiere aparecer como racista. Si los programadores de esas máquinas son racistas, los robots también lo serán. Esto está ocurriendo en EEUU, Europa y los países asiáticos", señaló.